sábado, 30 de mayo de 2020

Capítulo 6. ANTE UN NUEVO ANÁLISIS DE LA RURALIDAD. Autor: Martín Rodríguez



6. ANTE UN NUEVO ANÁLISIS DE LA RURALIDAD.

Decía un viejo militante de un movimiento obrero español que la base del acierto es hacer un buen análisis de la realidad. Nunca insistiremos suficientemente en reconocer la importancia que tiene el conocer el mundo, el mundo rural, a nosotros mismos, al entorno que nos rodea, digo yo. Ya que este artículo se escribe en tiempos de coronavirus, valdría aplicarse el cuento. Si conociéramos bien la naturaleza y las causas de este virus, ¿no habríamos salido ya de nuestras casas, habiendo evitado tantas muertes, tantos infectados, tantos parados, tantos atropellos a la economía, tanta hambre presente y futura? Todos los expertos e, incluso, la misma gente de la calle contesta afirmativamente. Parece evidente pues afirmar que es preciso bajar al terreno de nuestros pueblos, analizarlo una vez más, observarlo por todas las caras de su prisma y calar en su situación, en su naturaleza, en sus características.
Me fijaré en algunos distintivos de la ruralidad curiosamente menos manoseados en los exámenes tradicionales del mundo rural.
      ¿Qué fue de la agricultura a partir de los 70 del siglo precedente? Contesta Luis Camarero, profesor de la UNED, que, aunque no se han dejado de producir productos agrarios, la agricultura ha dado la espalda al campo. Los agricultores se han acomodado en la urbe y el campo es visitado por horas. El ajuste estructural de la década 60-70 del s. XX ha cambiado la forma de vivir del agostero y del labrador esclavo de las madrugadas estivales.
      ¿Quiénes se han quedado? - Sigue diciendo Camarero que si se observa los que están en los pueblos, vemos que la ruralidad es híbrida, diversa y móvil. Los habitantes de los pueblos son residentes, inmigrantes, extranjeros, emprendedores, retirados. En muchos pueblos son más los que no han nacido en ellos que quienes se bautizaron en él. Duermen los que residen, a la sombra de los árboles centenarios, pero trabajan fuera. Van y vienen. Utilizan su coche particular, tienen a veces, color distinto de la piel. Aquellos pueblos que nacieron en una época donde prácticamente la única fuente de riqueza y de trabajo eran la agricultura y la ganadería con sus merinas, sus pastores, sus cañadas y su trashumancia, han cambiado su rostro por un tractor, una cosechadora alquilada, un salón de baile en la discoteca de la capital y unas vacaciones a cientos de kilómetros de su localidad campestre.
      España es un país de baja densidad: 18 hab. por km. cuadrado, similar a Grecia, Rumanía, Bulgaria, norte circumpolar y Escocia, pero distinto de la cercana   Francia con 25 habitantes por km. cuadrado. Distinto de Alemania, Reino Unido e Italia cuya densidad de población dobla a la española. Distinta a Bélgica y Holanda con una densidad cuádruple a la de nuestro país.
      Nuestro mundo rural se caracteriza por el desequilibrio: faltan jóvenes, crece el número de ancianos, en buena parte del interior peninsular más de la tercera parte de sus habitantes supera los 70 años, se incrementa la masculinización de su población y la relación entre generaciones es desproporcionada.
      Se han ido las jóvenes, más que los jóvenes y resulta más difícil ser mujer en los pueblos que en las ciudades.
      Si los pueblos están vivos es porque sus habitantes pueden moverse.  Nuestra población es híbrida, masculina, diversa y móvil, decíamos. Cohabitan en el territorio rural los llamados individuos neorrurales, aquellos que vienen a vivir su “aventura” en el mundo rural. Véase el grupo de nuevos inquilinos que vive en Tabanera y produce diferentes artículos físicos y culturales, exportados al mundo entero desde los talleres que han buscado en el pueblo.
Ante estas características que nos llevan a sospechar de una nueva manera de ser rurales, ¿qué soluciones se vislumbran?

.  Por de pronto no parece oportuno ni conveniente superar la enfermedad matando al perro que porta la rabia. Sostiene Camarero que de ninguna manera se deben utilizar las tijeras territoriales agrupando municipios, privados de autonomía y de ayuntamientos en aras de una racionalidad económica. No valen las mancomunidades que maten la opción política de participar en la gobernanza a los pueblos de menos de 1000 habitantes. Perderían su autonomía y entonces la vida rural sería inviable. La gobernanza del territorio supone un enorme valor, porque garantiza que exista población con capacidad de decisión política en entornos locales, repartida por todo el territorio estatal. Hay que entender que nuestro modelo poblacional es de baja densidad. Dotar a los pequeños municipios de libertad decisional es un enorme valor que no puede pasar desapercibido. Las formas participativas y las comunales constituyen una fortaleza de este sistema de hábitat. Sistema que lejos de abolir deberíamos potenciar.
.  Por eso, lo mismo que se aceptan las perspectivas de “insularidad” y feminista, también se debería crear la perspectiva de discriminación rural positiva o de ruralidad. Desde ella todas las leyes y normas tendrían que contemplar un enfoque o interpretación coherente con la pertenencia al mundo rural, distinto y especial a otros modos de convivencia. Cualquier norma destinada al mundo rural debería tener en cuenta a quién va dirigida. Debe contar con la especificidad del destinatario o persona que habita en los municipios rurales.
. El problema de la despoblación debe ser considerado dentro del contexto donde se produce. Quienes sólo se empeñen en que las áreas rurales crezcan demográficamente no conseguirán sino resultados parciales.  De ahí que no se puede tener en cuenta sólo el rendimiento económico, habrá que considerar más la economía de los cuidados que sólo el incremento de la riqueza económica. Habrá que atender al desequilibrio generacional, al mantenimiento de escuelas rurales y de   institutos de Enseñanza Media, de la creación de territorios inteligentes, introduciendo una buena cantidad de vitaminas wi.fi., con vehículo propio y drones para distribuir medicamentos.

.  Quiero concluir este escrito con las palabras del profesor Camarero:

“Sólo si comprendemos que el medio rural, ese territorio de baja densidad, es central para el funcionamiento de sociedades complejas como la española. Sólo si entendemos que es un inmenso espacio de libertad y de oportunidades para el desarrollo de otras formas de vida, tal vez utópicas y minoritarias, pero sustanciales y centrales en el mantenimiento de la diversidad, motor de nuestro modelo social. Sólo entonces estaremos en disposición de recorrer el sendero de la despoblación y afrontar “nuestros (finiseculares) problemas”. 
                                                                                                          MRR.

1 comentario:

  1. Muy interesante y como dice al principio, la base del acierto es un buen análisis de la realidad.

    Un cordial saludo.

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