martes, 2 de junio de 2020

3º Capítulo: HISTORIA DEL CERRATO CASTELLANO. Autor: Martín Rodríguez.


3.      HISTORIA DEL CERRATO CASTELLANO.

Describir, aunque sólo fuera con un cierto detalle, la historia del Cerrato superaría la extensión aconsejada a este escrito. Por eso, sólo me limitaré a marcar los grandes hitos de la historia de la humanidad, más bien la centrada en el mundo occidental.  Intento señalar el paso de las civilizaciones a través de las cuatro edades en que se suele dividir la historia del mundo. Indicaré sucinta y esquemáticamente algunas ideas clave que han marcado la evolución histórico-cultural del mundo desde donde se supone que el Cerrato como cualquier entidad poblacional o institucional habrá debido de responder para gobernar su vida. Concretamente, España donde se sitúa nuestra comarca cerrateña ha llegado jadeando y a trancas y barrancas a lo que hoy llamamos periodo de democracia. Es aquí donde hoy estamos. Es aquí donde surge la pregunta: después de tantos vuelcos, de tantos fracasos y de tantas enseñanzas, ¿cuál ha de ser nuestra actitud ante los problemas que nos rodean? ¿Cómo encararnos al presente que siempre mira a un futuro? ¿Qué hemos aprendido después de tantas epidemias y pandemias? Por ejemplo: la de 1885 en España y en Reinoso y la del coronavirus que actualmente estamos padeciendo.

Empezaré diciendo que sobre ese paisaje geológico al que hemos hecho referencia en epígrafes anteriores, el Cerrato ha levantado su historia. Son esos páramos amplios y llanos los que han arropado el sudor y las lágrimas de nuestros labradores. Son esos cerros los que han amparado, soportado, dificultado e impulsado al mismo tiempo la acción creativa de las mentes de nuestros hombres y mujeres. Son esos valles cercanos o lejanos a la meseta los que han permitido el acarreo de las mieses y los que han alimentado a la crianza de las parejas humanas, uncidas en matrimonio o agrupadas en armónica amistad.  Sobre ese contexto, en alucinante simbiosis, ha nacido la historia del Cerrato a lo largo de los siglos.
Se empezó en la PREHISTORIA. Han dado fe de esa etapa armas y utensilios aparecidos en Palenzuela y una lengua pre-indoeuropea tal vez emparentada con el eusquera del País Vasco. Los cerratenses sabíamos expresarnos, utilizar el instrumento lingüístico para comunicarnos entre sí.
Durante la EDAD ANTIGUA acontecieron invasiones indoeuropeas contra los primitivos pobladores de nuestro suelo, los iberos. El resultado de la mezcla final fueron los celtíberos que seguramente siguieron su camino desde Pancorbo hasta la sierra de Guadarrama, desde el siglo VIII al IV antes de Cristo. Pertenecían a este grupo celtíbero los vacceos y los arévacos quienes lucharían contra cartagineses y romanos. Expulsados los de Cartago por los romanos, éstos últimos no encontraron buena acogida, pues muchos de sus generales tuvieron que vérselas con los indígenas de entonces, los valientes vacceos. Licinio, Publio Escipión, Lépido y Bruto, Pompeyo, Estalicio Tauro, Augusto, Antistio y Carisio fueron famosas autoridades de los ejércitos romanos que padecieron derrotas y gozaron de victorias en lucha contra los habitantes de aquellos siglos, la Pallantia de Palencia o de Palenzuela (no se sabe a ciencia cierta) testigo. Los seis siglos de estancia romana en la Hispania fueron tejiendo una cultura de rostro romano, pero montada sobre un fondo racial celtibérico. Así se resuelven los conflictos. Ni tuyo ni mío, sino de ambos, aunque las proporciones no siempre sean simétricas. Parte de esa cultura fue la religión cristiana a la que el edicto de Milán proclamado por el Emperador Constantino en el 313 y el de Teodosio, otro de los emperadores de la Roma soberana, decretado en el 381, oficializaron  en todo el imperio. Pruebas de que este hilo conductor de la evolución cultural iba tomando carta de naturaleza en el Cerrato las encontramos en el mosaico oceánico de Dueñas y en el Ara de las Ninfas encontrada en Baños de Cerrato.
En el corazón de España, el Cerrato iba creciendo. Íbamos aprendiendo que no nos hacemos solos, que la interacción entre generaciones y entre pueblos y naciones es regla universal de crecimiento y más aún de madurez. La Edad Antigua nos enseñó a saltar de una lengua indoeuropea a otra latina y en latín aprendimos a desarrollar las artes y las ciencias del momento.
Pero, aún prosiguen los cambios históricos que nunca cesan. Todo lo que empieza termina. También la invencible Roma. En el 410 fue saqueada por los pueblos bárbaros o extranjeros, concretamente, por los visigodos, al mando de Alarico. Eran pueblos que tenían hambre.  Mientras tanto otros pueblos bárbaros y germánicos, los llamados vándalos, suevos y alanos, se arrimaron a las Galias y algo más tarde penetraron en la cercana Hispania. Como aquí no acabaron de entenderse con las autoridades imperiales, aprovecharon los visigodos la ocasión al mando de Ataulfo. Fingieron ayudar al imperio imponiendo el orden que él no era capaz de conseguir sobre los vándalos, suevos y alanos en Hispania. Ocuparon, para empezar, el Nordeste de la Tarraconense en nombre del Emperador aún subsistente en Roma y en el 476, célebre fecha de la caída del Imperio de Occidente, se liberaron del pacto con Roma para proclamarse dueños absolutos del territorio que hasta entonces se había llamado Imperio Romano. Sucedió durante el reinado de Eurico.
Estamos metidos de lleno en la EDAD MEDIA desde el 476. Se sucedieron muchos reyes. Los célebres reyes godos que aprendimos en la escuela: Leovigildo que estableció la corte en Toledo; Recaredo I quien se convirtió al catolicismo, haciendo católica a España desde finales del siglo sexto; Suintila, quien unificó políticamente a la Península Ibérica; Recesvinto, quien curó su enfermedad renal con las aguas de Baños y levantó en agradecimiento la cerrateña Basílica de S. Juan Bautista en el 661; Wamba, quien venció a los sarracenos cerca de Algeciras; y el postrero rey visigodo D. Rodrigo, derrotado por los árabes en la batalla de Guadalete en el 711.
Finiquitan tres siglos de dominación visigoda. La nueva sociedad hispana había aprendido a ser monárquica, católica y nacional. El Cerrato, con notable presencia y aportando el pan nacido de sus ricos trigales. En su territorio, bastantes restos arqueológicos visigodos. Véanse en Amusquillo, Esguevillas, Piña de Esgueva, Castrillo Tejeriego, Villabáñez, Villajimena y sobre todo visítese la joya histórica de la Basílica visigoda de Baños. Es verdad que su lengua gótica no cuajó y que su cultura no fue capaz de imponerse al latín hispanorromano, pero sí son numerosos los eremitorios desparramados por el Cerrato. Nuestra comarca iba absorbiendo esencias, íbamos engrosando nuestra personalidad, nos hacíamos adultos, preparados para nuevos sustos.

Porque se avecinaban nuevos saqueos, nuevas guerras, nuevas invasiones. Les toca ahora entrar en la codiciada Península Ibérica a las distintas familias sarracenas procedentes de la Arabia Feliz y desértica.  A principios del siglo VIII, año 711, llegan los musulmanes árabes-bereberes al mando de Tarik, lugarteniente de Muza que era gobernador de la Mauritania, situada al noroeste de África. Los hombres de Tarik desembarcaron en Algeciras y el jefe los reunía en el peñón de Gibraltar. 

Vencen al rey visigodo D. Rodrigo en la batalla de Guadalete, como ya he dicho. En menos de tres años conquistan casi toda la Península. El derrotado ejército hispano-godo y muchos grupos de la población civil se refugian en los montes galaicos, astures, cántabros, vascos y pirenaicos desde donde organizaron centros de resistencia.

Uno de esos centros de resistencia fue Asturias. Allí, un noble visigodo, capitán que fue de las huestes de D. Rodrigo y llamado don Pelayo plantó cara a los árabes, derrotándolos en la célebre batalla de Covadonga, en el 718, siete años más tarde de la entrada de los árabes -bereberes, según algunas fuentes.

Animados los cristianos por esta victoria de donde Don Pelayo salió proclamado Rey, siguieron una tras otra multitud de peleas a lo ancho y largo de lo que hasta no hacía mucho tiempo había sido monarquía visigoda. Ocho son los reinos cristianos que fueron tomando cuerpo: Aragón, Aragón y Cataluña, Asturias, Castilla, León, León y Castilla, el corto reino de Galicia y Navarra. Mucho les costó entender que la única solución para vencer a los musulmanes era la unidad. Antes de llegar a ella a finales del s. XV con los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, se pasó por desavenencias, robos, guerras, revueltas, fratricidios, levantamientos, rebeliones, crímenes y demás atrocidades, junto a heroísmos, clemencias, bondades, sacrificios e inteligencia, también es justo reconocerlo.

Varios reyes asturianos alargaron sus dominios hasta pueblos pertenecientes al Cerrato, contribuyendo a repoblarlos con gentes del Norte donde previamente se habían refugiado. Fernando I El Grande unificó Castilla y León. Las luchas entre Sancho II de Castilla y Don Alfonso VI de León tuvieron como escenario la comarca cerrateña. En el siglo XIII floreció Fr. Rodrigo “El Cerratense” que en el monasterio de San Pelayo de Cerrato, situado en el término de Cevico Navero, escribió sus notables crónicas.  En 1217 fue llevado secreta y ladinamente a Tariego por el Conde D. Álvaro de Lara, el cuerpo del fallecido en Palencia, doncel D. Enrique I, de quien aquel fue tutor y éste, hijo del Rey Don Alfonso VIII de Castilla, el de las Navas de Tolosa (1212). Alfonso X El Sabio, hijo de Fernando III El Santo, demostró su sabiduría enviando un juez al cerrateño pueblo palentino de San Cebrián de Buena Madre, para deslindar el Bosque de Buena Madre y dilucidar la pertenencia del mismo entre los pueblos colindantes.
Muchos de los templos e iglesias del Cerrato fueron erigidos durante estos medievales siglos XII, XIII y XIV. Entre otras, la iglesia de Santa María en Reinoso de Cerrato (s. XII) y las de Hérmedes, Hontoria y Villamuriel (s. XIII) por citar sólo algunas.

No faltaron los disturbios entre distintas villas cerrateñas durante estos tiempos de la reconquista de las poblaciones ocupadas por los musulmanes. Así, por ejemplo: durante el reinado de Fernando IV El Emplazado. Sucedió que Don Juan Núñez de Lara, señor de Palenzuela,  por entonces capital del Cerrato,  en unión con otros nobles,  no acató la autoridad de Dña. María de Molina que tutelaba como reina la infancia de su hijo Fernando IV. No tuvo más remedio la insigne Reina que cercar a Palenzuela, adueñarse de ella, expulsar al noble rebelde e incorporar dicha villa a su Corona de Castilla.

Algo parecido aconteció de nuevo en la misma capital de Cerrato, la importante Palenzuela. Unos años más tarde de haber sufrido el Cerrato una gran mortandad (1347) que trajo como consecuencia la desaparición de muchas aldeas, allá durante el reinado de Pedro I El Cruel (1350 – 1369), se produjo una guerra entre hermanos. Pedro contra Enrique de Trastámara. La capital, plaza fuerte y cabeza de la Merindad del Cerrato, Palenzuela, se alistó con Enrique, aspirante a la Corona. Capitaneaban esta rebelión, junto a otros nobles, Juan de Herrera y Díaz Sánchez de Terraza. Don Pedro I envió tropas al mando de Don Juan Rodríguez de Sandoval, señor de muchas behetrías cerrateñas. Siendo éste asesinado en Quintana del Puente, el propio rey Pedro vino en persona a dirigir el asedio de la fuerte Palenzuela, que al final se rindió. 

Mientras tanto, a lo largo de este belicoso siglo XIV, como si se tratara de levantar lugares donde rezar por los muertos, se fueron construyendo los monasterios de Santa Clara en Astudillo y el de San Francisco en la guerrera Palenzuela, además de su iglesia parroquial de San Juan. Por contra y también por causa de esta guerra fratricida entre Pedro y Enrique, las monjas clarisas de Reinoso tuvieron que abandonar su convento ubicado a las faldas del actual monte de Barrio y buscar asilo en la vecina Palencia. Se calcula que esta marcha sucediera en torno al 1370.

Las malas acciones bélicas de finales del XIV indujeron a que en el XV no olvidaran los de Palenzuela estas calamitosas enemistades entre reyes y entre nobles. De nuevo fue en esta fortificada villa donde se enfrentaron el rey Don Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica, con el rey Don Juan de Navarra. Y por si algo faltara, después de que este Rey Juan II visitara varias veces al Cerrato Castellano y convocara Cortes en la villa de Palenzuela en 1425, se renovaron las luchas entre nobles. En este caso, acompañaron a Juan II y a su “amante” Don Álvaro de Luna, el Conde Don Pedro de Acuña, señor de Dueñas y Tariego, Alonso Pérez de Vivero, Gonzalo Chacón y los escuderos del Obispo de Palencia. En su contra figuraban en el año 1451, nada menos que el Almirante de Castilla, Don Alonso Enríquez, confabulado con su cuñado Don Juan de Tovar, señor de Astudillo. Estos últimos rebeldes también implicaron en la guerra a las fortalezas de Hornillos de Cerrato y a Cordovilla la Real. Así pues, Palenzuela, Astudillo y Cordovilla, cerrateñas todas ellas, contra una hermana de la misma comarca, llamada Dueñas, la monárquica, que defendía a Juan II en unión con otros nobles. Juan II inició otro cerco a la capital del Cerrato. Palenzuela fue vencida una vez más.

Seguramente que esta carrera bélica protagonizada por Palenzuela o, al menos, desarrollada en su suelo, utilizado por la codicia y prepotencia de aquellos avariciosos nobles, fue uno de los motivos que impulsó a los Reyes Católicos a traspasar la capital del Cerrato a Baltanás, privando de tal honor a Palenzuela.     
A Juan II le sucedió su hijo Enrique IV y a éste su hermana Isabel la Católica, en contra de muchos nobles que preferían que la sucesora fuera la Beltraneja, dudosa hija de Enrique, el Impotente. Había quienes defendían que Juana, la Beltraneja, no era hija de Enrique IV, sino de su valido Beltrán de la Cueva. 
El Rey Alfonso V de Portugal se casó con la Beltraneja, intentando así incorporar Castilla a su Corona. El portugués tuvo la osadía de atravesar la comarca del Cerrato en dirección al castillo de Burgos que también apostaba por la Beltraneja. Pero Isabel mandó al Almirante de Castilla, Don Alonso Enríquez, que se apostara en Palenzuela, alertando a las tropas de Torquemada y Pampliega. Insistió Alfonso V en dirigirse a Burgos, pero al constatar la existencia de las fuerzas contrarias, hizo un requiebro y torció hacia Baltanás al que atacó por sorpresa derrotando al Conde de Benavente que capitaneaba un grupo de soldados. Le entró el miedo al marido de la Beltraneja y se dirigió hacia Toro, en Zamora, donde las tropas de los Reyes católicos le vencieron en la Batalla de Toro, 1476. Agachó las orejas el lusitano y se marchó a su casa.

Los Reyes Católicos guardan muchos recuerdos de las tierras cerrateñas. Fernando llegó disfrazado de lacayo de unos caballeros amigos a Dueñas en busca de su novia Isabel. Le esperaba su tío Don Pedro de Acuña, Conde de Buendía y señor de Dueñas, en cuya casa se hospedó el sobrino. Aquí preparó su viaje a Valladolid para entrevistarse con Isabel. Llegó a la ciudad del Pisuerga, vio a su prometida y acordaron que el 18 de octubre  de 1469 se desposarían. Así aconteció. ¿Dónde fijarían su residencia? – En Dueñas, en el palacio de los Acuña. 1470. El 2 de octubre de este mismo año nacía la primera hija de Isabel y de Fernando. Se llamaría como su madre, Isabel. La luna de miel la pasaron conociendo Dueñas y ciudades circunvecinas. El 1474 fue proclamada Reina de Castilla Doña Isabel. Dos años más tarde, reunieron las Cortes en Dueñas para reorganizar la Santa Hermandad que habría de tener mucho trabajo en lo sucesivo. Cuando Fernando enviudó no quiso olvidarse de Dueñas y a los 54 años de edad, en la iglesia de Santa María la Mayor donde, según algunos, habían bautizado a su primera hija Isabel,   se volvió a casar con una jovencita de 19. Se llamaba Doña Germana de Foix, sobrina del Rey de Francia, Luis XII. 
Antes de casarse con Doña Germana en el 1506, el siglo XV estaba agonizando y acercándose al 1492. A esas fechas los reyes castellano-aragoneses ya habían iniciado la unidad de España, habían terminado la reconquista con la toma de Granada y el 12 de octubre de ese mismo año, un aventurero navegante ayudado por la Reina, denominado Cristóbal Colón, ya había llevado a cabo la empresa de mayor trascendencia universal, descubriendo las Américas.  El Cerrato había alimentado y dado cobijo a quienes hicieron posible tal hazaña. Había empezado la Edad Moderna de la que seguiremos hablando en el capítulo siguiente.
No sin antes cerrar el presente con una pregunta: ¿qué hacían los campesinos del Cerrato durante estas peripecias históricas que hemos contado en estas páginas? ¿Qué hacía el pueblo llano? ¿Participaba en el rumbo de la historia? ¿Era consciente de lo que estaba pasando? ¿Conocía las causas de las rebeliones, de los conflictos económicos, sociales y políticos? ¿Aplaudía o se oponía a las guerras intestinas, civiles, internacionales?

Palenzuela, Astudillo, Dueñas, Baltanás. Cuatro pueblos que han mostrado gran protagonismo en estos siglos medievales del Cerrato. Tengo la sensación de que el pueblo era utilizado por los nobles y poderosos. De que el pueblo era llamado a las guerras que organizaba su señor y acudía temeroso de perder la posibilidad de amparo por parte del feudal. Tengo la impresión de que la gente del campo, los campesinos, los siervos de la gleba, las sirvientas de la gran señora, los servidores palaciegos, los gremios del burgo no tenían mucho tiempo para informarse de los acontecimientos, de las intrigas de los nobles, de las andanzas de las casas reales, de los casamientos políticos que manejaban el futuro al antojo de las conveniencias de los grandes, de las teologías de la alta clerecía.
Es más creíble que el espíritu de sumisión, la obediencia ciega a los preceptos eclesiásticos, la veneración de los linajes iban creando un tipo de ciudadanía ignorante de las grandes decisiones. Y aquí la pregunta revierte sobre nuestro presente cerrateño. ¿Somos iguales que aquellos antepasados nuestros, cambiando lo cambiable, o hemos despertado al análisis de los hechos, de las causas y de las consecuencias?  ¿Dónde habrá que apretar el botón para superar la alienación, para estar a la altura de las circunstancias, para incrementar la concienciación capaz de tomar la palabra y trazar surcos en la tierra reseca de nuestras parameras?

                                                                                   MRR.

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