lunes, 26 de agosto de 2013

Gracias Justi

                                                                       
Justi.

Al pronunciar tu nombre, Justi, y pronunciarlo en un lugar como éste, la Iglesia Parroquial de Reinoso de Cerrato,  fácilmente acuden a la memoria  nombres de otras personas, amigas tuyas, conocidas de todos o de casi todos los aquí presentes.
2013 y aledaños han sido pródigos en proporcionar ausencias, como las de Angelita, Petra, Agustina, y ahora, tú.
¡De cuántos sollozos, ahogados en lágrimas, han sido testigos estos muros, estos altares, estos corazones aquí hoy y ayer acurrucados a la lumbre de los sentimientos, del agradecimiento, del reconocimiento de seres que nos han precedido, que han hecho historia, que han construido pueblo y hogar, que han marcado senderos a nuestras dudas, incertidumbres y angustias.
Pero no nos hemos reunido para llorar, Justina. Más bien nos damos todos las manos para celebrar este 9 de agosto de 2013 y para agradecerte haber sido como fuiste, haberte encontrado a tiempo y haber sido testigos del triunfo de tus 90 años que cierran una obra completa y rica, llena de esculturas vitales, de pinturas no sólo metafóricas, y de coraje humano.
Lo hacemos en nombre de todos tus familiares y amigos, procedentes  del norte al sur palentino, del éste al oste español y sobre todo, del entorno cerrateño: Villaviudas, Magaz, Soto, Torquemada, Baltanás, Antigüedad y otros lugares que conociste y te conocieron.

Gracias en nombre de tus hijos en quienes queremos simbolizar a todos los que aquí estamos.
En nombre de tu emprendedor y noble Silvino, de tu sereno y pacificador Mariano, de tu culto y fiel Julián, de tu entrañable y cuidadosa Carmen, de tu anhelada y fuerte Mariele, y de tu benjamina y sensible Esther. Aquí nos tienes a todos, cobijados bajo tu maternal manto y unidos como hermanos, biológicos y políticos, a tantos sobrinos, primos, parientes y, creo, que también a todo este pueblo que ha conocido tu talante deportivo, lúdico, juvenil, comprometido y amistoso. Todos celebramos tu paso por la vida.
Gracias, en nombre de un querido sobrino tuyo que me ha pedido personalmente que te diga aquí y ahora lo que te voy a decir: “No me tienes físicamente presente, porque no resisto esta emocional situación, pero te defino como a una mujer que diste lo que eras: toda donación”.
Sabemos que tu persona ha sido capaz de acercar la montaña palentina, plena de pétrea sobriedad en el carácter de sus gentes, a los llanos cerrateños, repletos igualmente de rectilínea hospitalidad con quienes a sus valles se acercan.
Celebramos tu honradez castellana, capaz de decir si o no, sin más adornos que la sinceridad   y transparencia, en los asuntos difíciles que requerían de una sentencia salomónica.
Agradecemos tu entrega generosa a una familia propia y ajena, compuesta de hijos propios y de íntimos sobrinos, que gozó de tus sentencias, de tus disposiciones, de tus arremangos expeditivos y de tu cariño sin límite.
Agradecemos tu buen humor para tirar los bolos, para ganar carreras y para sembrar un buen hacer cargado de solidaridad y de ciudadanía, útiles actitudes para juntar al pueblo y para olvidar desavenencias.
Gracias, Justi, danos fuerza para seguir tu ejemplo. Si otros personajes históricos introdujeron, en sus piramidales tumbas, alimentos y riquezas para propiciar el tránsito hacia la otra vida, nosotros, hoy y aquí, ponemos nuestro latido junto al tuyo para cargar de esperanza nuestro caminar por el buen sendero que tu nos has trazado.
Gracias, Justina.
Gracias a todos por acompañarla.
                     

                            M.R.R.
                                                                                                                                             
 Reinoso de Cerrato, 9 de agosto de 2013.





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